Ondas Sonoras




El sonido comienza como una perturbación que viaja a través de un material como el aire, el agua o el suelo sólido. En el agua de mar puede desplazarse aproximadamente a 4.900 pies por segundo, o cerca de 3.500 millas por hora. Eso equivale a casi una milla por segundo. A esa velocidad, el sonido podría recorrer teóricamente una distancia comparable al viaje entre Estados Unidos y Japón en unas dos horas, aunque un avión puede tardar entre 11 y 13 horas en realizar el trayecto real. Es una locura intentar imaginarlo.

Lo que lo hace aún más interesante es que el sonido no se desplaza a una velocidad fija en todas partes. Viaja mucho más rápido por el agua que por el aire, y puede moverse todavía más rápido a través de muchos materiales sólidos porque sus partículas están más próximas entre sí. La temperatura, la presión, la densidad y el propio material pueden modificar la cifra final. Cuanto más profundizas, más difíciles de imaginar parecen esas velocidades ya impresionantes.

Los seres humanos estamos acostumbrados a perseguir la velocidad. El 15 de octubre de 1997, Andy Green condujo el ThrustSSC a una velocidad media oficial de 763,035 millas por hora en el desierto de Black Rock, Nevada. La carrera rompió la barrera del sonido y conserva el récord mundial absoluto de velocidad terrestre. Ese logro por sí solo es suficiente para dejar a cualquiera asombrado, pero también demuestra la diferencia entre velocidad y fuerza. Una velocidad constante no es automáticamente lo que daña al cuerpo humano; el peligro real suele provenir de una aceleración o desaceleración repentinas, del calor, de la presión y de la pérdida de control.

Hemos convertido la velocidad en deporte mediante NASCAR e IndyCar, y también la utilizamos en experimentos científicos y de ingeniería. Algunos proyectos se convierten en récords, otros conducen a investigaciones útiles y algunos nunca salen del tablero de dibujo. Incluso entonces, el trabajo que hay detrás todavía puede enseñarnos algo. Las ondas sonoras pueden ser invisibles, pero las cifras revelan cuánto movimiento ocurre a nuestro alrededor cada segundo sin que lleguemos a verlo.